Los odiamos. Los amamos. No nos dan más, nos identifican, o nos repelen para no dar ni una oportunidad a algo. El caso es que los clichés siempre están, o unos o los otros, y son parte de todo producto hoy en día. En especial en ámbito audiovisual y/o literario, que son lo que tratamos aquí y ahora.
Para empezar, "un cliché es comercial". Y esto ya por necesidad, tiene que asustar al consumidor. Si recuerda mínimamente a algo ya visto y repetido, si tiene colorines bonitos y efectos especiales interesantes (de lo que yo no entiendo) o si, ¡oh, Dios!, los protagonistas son guapos, ya es un producto de cartón piedra que no merece ser visto ni tenido en cuenta, y que no puede tener la decencia de llegar al alma, de interesar, o de ser considerado bueno. Me parece de lo más cerrado y corto de miras.
¡Obviamente que los productos son comerciales! Tienen que serlo, tienen que entrar por los ojos y oídos, lo mismo que los discursos políticos. Vender con la imagen se lleva haciendo desde la Antigua Grecia. Pero, ¿la imagen es todo lo que importa? ¿Nos vamos a quedar con un discurso político porque dicen cosas que nos suenan bien, o a descartar uno porque tenga menos carisma? Pues no. No se debería, vaya. Lo lógico es que sí, dé una primera impresión favorable o no, y en base a esa impresión tiremos más hacia un lado o hacia el otro. Efecto Halo de toda la vida, para todo. Pero no por ello hay que jugar al descarte tan rápidamente, sin reflexionar bien lo que nos dan. Y no por ello, hay que fiarse de un tráiler, carátula, sinopsis de la contraportada, que está hecha sólo para captar, pero que no tiene por qué reflejar qué significa o qué puede ofrecer de verdad el producto.
Segundo, "los clichés están tan repetidos, que es ver otra vez lo mismo". Sí, por supuesto. A estas alturas, no se van a inventar cosas nuevas, casi. Y el que lo haga, aun así, quizá no venda tanto como querría, porque las personas tendemos a seguir un patrón que conocemos, aunque luego nos las demos de innovadores. Seguimos siempre el mismo recorrido para ir a un sitio. Nos sentamos en el mismo lugar en que nos pusimos el primer día de clase. Etcétera. Pero, pensemos: si cada vez que sale algo que "ya está hecho" nos echásemos atrás y rechazásemos el producto, jamás habría surgido el Renacimiento, porque consistía en coger el Mundo Clásico. Que ya estaba hecho.
Lo que hay para preguntarse a día de hoy no es si se va a usar o no tal idea, tal giro. La originalidad hoy radica en cómo se use. Y para ver esto, hay que probar. Hay que sumergirse. No vale con ver que las cuatro primeras palabras de la rubia de turno son una idiotez andante, porque luego la chiquilla igual es Graduada en Física Cuántica junto a Sheldon Cooper, y es la que salva el día y el libro. No vale con ver que, ¡huy!, dos personas se enamoran de una tercera, y calzar con ello un triángulo amoroso insulso que quizá ni es eso. ¿Puede haber rubias tontas en literatura, en series, películas? Claro. Igual que el personaje más cabeza hueca puede tener un pelo negro cual chapapote. O ser hombre. ¿Puede haber triángulos? Sí. ¿Puede estar deconstruido? Totalmente. Puede haber dos personas enamoradas de una tercera, pero no es triángulo amoroso a no ser que el del medio se pase media vida preguntándose si quedarse con A o con B, porque amb@s le encantan, y no sabe y...conocemos la historia. El "tópico". Ahora, puede haber un "triángulo" que no sea tal, porque el del medio siempre sepa qué elegir, y por tanto, no sea en verdad una elección. O puede ser que un A quiera a un B, pero este B quiera a un C, y C a la vez pase de todo y no sienta nada por nadie. O sienta por un cuarto. O pueden montarse un trío y se acabó el drama. O...hay tantas posibilidades como mentes de escritores haya. ¿Puede haber una protagonista feminista? Claro, esperemos que haya cada vez más. ¿Feminismo y fortaleza es lo mismo que futbolista, o poco refinada, o bruta como un toro? No, y una mujer puede ser fuerte y elegante al mismo tiempo, dura y aniñada. Entonces, no cada vez que aparezca una chica "mona" y "dulce cual princesa", será una petarda más inútil que las instrucciones del Ikea. Puede evolucionar. O puede que veamos rasgos sorpresa que estaban escondidos, a mitad del libro/serie/peli, porque por el motivo que sea el escritor/guionista decidió esperar hasta ese momento. Pero para eso, de nuevo, hay que sumergirse. Para esto miro a Lissa Dragomir de Vampire Academy por un lado, y miro a Katniss Everdeen de Los Juegos del Hambre por otro. La "Chica en Llamas" me tendría que encantar por lo de fuera. No es el caso, porque lo probé hondamente y sé que lo de fuera bien, pero en cuanto profundizas, a mí no me interesó (y debo de ser de los pocos a los que no gustó demasiado Los Juegos del Hambre). Lissa Dragomir, con su prototipo de princesa atormentada, calladita y mona, que se esconde tras su guardaespaldas, no me encantaría si me fiase tan solo del envoltorio. Pero...lo leí hasta el final y puedo asegurar que es un personaje que me encanta porque va más allá de su apariencia inicial y del cliché que se le puede endosar.
Por Dios, señores. Otro ejemplo: ¡juzguemos a Milady de Winter por la apariencia inicial, tan casta, pura y bella! Y veríamos lo bien que nos iba, si fuéramos los mosqueteros en la novela de Dumas. Pues es lo mismo.
Tercero. Volvemos a la parte de "sentir". Queremos sentir y que nos "llegue" el producto, y eso es normal. Pero luego, ¿cuánta gente hay que echa pestes en cuanto aparece un poco de sentimiento? ¿En cuanto aparece una escena romántica? Que pasemos al "los sentimientos son de chicas ñoñas", eso SÍ es un cliché. Innecesario y de lo más erróneo.
Cuarto, desarrollo, profundidad y género. Relacionado con el segundo punto, una apariencia no tiene por qué decir nada. Lo mismo que la apariencia de una boy band hecha para que las chicas suspiren y forren carpetas no tiene que decir nada de su música, que puede ser muy buena o muy mala y dará igual qué diseñador los vista. O para un músico cualquiera. Señores, Mozart no era muy guapo. Miles de cantantes me parecen objetivamente preciosas, fabulosas, con gracia; y perfectas actrices o modelos, pero no músicas. Saquemos conclusiones.
Que los actores sean guapos es igual que las lucecitas y los efectos: publicidad. Claro. Entra por los ojos. A mí, la primera. Pero, ¿por tener la piel perfecta ya son seres de cartón piedra que no puedan sentir, llorar, reír, amar y transmitir? Yo creo que no. Y alejarse emocionalmente de ellos sólo porque son más guapos que la media será nunca, o porque se líen con más gente en un episodio que una persona normal en toda su vida, me parece un punto de vista muy cerrado e irracional. Es como si yo voy por la calle odiando a todas las chicas que sean más guapas y estilosas que yo, y adorase a las que son seres de carne y hueso con algún granito o una legaña sólo porque me sienta más identificada, sin conocerlas. Creo que odiaría a todo el mundo. Menos mal que ellas no son series ni libros, y que con las personas se suele tardar más tiempo en conocer para juzgar.
Pero, independientemente de los actores (guapos, feos, buenos o malos en su trabajo), los personajes-y esto también para libros-son "supuestas personas". Es decir, que pueden evolucionar y cambiar. Para mejor, para peor, puede gustar o no. Un personaje que cae muy bien al principio puede acabar resultando tan odioso (hola, Emma Swan) o, un personaje que parece que está ahí sólo para caer mal, ser cartón piedra y no aportar nada más que disgustos, puede hacerse icono (Sansa Stark, te elijo a ti). Y de la misma forma, el guión de una serie o la narración de un libro, puede cambiar, porque los escritores también son personas y aprenden, mejoran, se equivocan o empeoran. También se quedan sin ideas, o se sacan de la manga tramas geniales cuando parecía que el producto iba a ser "uno más", "otro cliché", "otro tomo en la sección de tal cosa".
Y esto lleva a las "secciones" y los géneros. Un género te gusta más o menos. Claro. Y si sabes que no te gusta un género, no puedes forzarte. Si sabes que no te van a gustar nunca las legumbres, no te des un atracón de lentejas, hombre. Pero, ahora. No se puede juzgar absolutamente todo producto sólo porque está englobado en un género. No todos los Gryffindor son valientes y heroicos. No todos los productos de ciencia ficción tienen aliens y espadas láser (miremos a Los 100, que empieza en una nave y ya es ciencia ficción. Quienes hayáis visto más de un capítulo, entenderéis lo que digo).
Generalizar, sí, porque para esto están los géneros y las agrupaciones. Ayuda a entenderse y orientarse. Etiquetar, no, gracias. Para libros, películas, series y para personas también. Para las pandillas escolares. Para la sexualidad. Para todo. Hay que dejar al producto (o a la persona) crecer y no hablar antes de tiempo. Si yo etiquetase por géneros, dado que el "género de miedo" no me gusta, nunca habría visto La Cumbre Escarlata, que para mí entra ahí. Nunca habría visto Scream-La serie. Ni tampoco habría probado Scream Queens o Coven y Hotel de American Horror Story. No habría visto Memorias de un Zombie Adolescente, ni Orgullo, Prejuicio y Zombies, las dos me gustaron bastante, y el "género zombie" no es lo mío. Y, nunca jamás habría puesto el primer episodio de Los 100, o las primeras tres películas de Star Wars, ya que la "ciencia ficción" no me va.
Y quinto y último. Segundas oportunidades. Hemos dicho que forzarse a algo si sabemos que no nos gustará, es perder tiempo. Lo es. Admito más que nadie la necesidad de priorizar cuando no hay tiempo para nada (porque yo lo hago). Admito que unas cosas saltan más a la vista que otras. Lo que no me gusta tanto es cerrarse en banda por una primera impresión que no dice nada en verdad. Es igual que juzgar el libro por la película, por Dios, que eso ya tendría que estar superado, o incluso juzgar la serie por los libros (yo compararía Crónicas Vampíricas serie y libros. Nada que ver, y para mí gana mucho la serie). Lo que no se debería hacer es que, por una primera impresión de un día concreto, de un par de capítulos al principio cuando los guionistas aún no tienen el gancho cogido del todo, de unas pocas páginas de presentación, se considere todo el resto del producto.
Una serie es mucho más que sus primeros capítulos. Un libro es más que cuatro hojas de prólogo. Una persona es más que lo que te dice el primer día. O si no, un chico muy tímido, podría causar mala impresión en la casa de los amigos de su mejor amiga, cuando no conoce a nadie. Y hay cosas que tal vez no se dan en el momento. Hay personas que ni te interesan en Primaria, y con las que tramas una amistad tremenda en Secundaria. Hay libros que lees en un momento en que tal vez no lo entiendes mucho, y si no les das una oportunidad más tarde, no sabes qué te puedes perder (te miro a ti, Memorias de Idhún, que no me gustaste al principio y luego me enamoraste). Hay veces que una película a los seis años te asusta, y si te fías de eso, jamás leerás el libro a los ocho, y jamás descubrirás la pedazo de saga y de mundo que regala J. K. Rowling. Hay series cuya primera temporada no te llama nada, la dejas estar, pillas más tarde un capítulo de la segunda por la tele y acabas enganchada hasta las trancas...y de lo contrario, jamás habrías visto un producto disfrutable. Me ha pasado en tantas ocasiones que si las cuento, me olvidaría de la mitad.
En conclusión: es fácil asumir que un género no gusta, y que por tanto, nada dentro de esa familia va a gustar. Para eso precisamente se agrupa. Pero no conviene cerrarse puertas en base a eso. Al igual que el Código Pirata, los géneros son "unas directrices, no unas reglas fijas". Los clichés varían. Están, pero varían según cada cual, y lo que ves repetitivo en el producto de ayer, te puede parecer bien manejado y fresco en el producto de mañana. El tiempo es otro factor. Nunca habrá tiempo para todo, claro que no. Ojalá hubiera. Y en tal caso, se prioriza. Obvio. Si tienes siete series que ver, y sólo una hora al día para ello, es evidente que vas a empezar por la que más te interesa, y eso tiene que ver con cada cual. Pero hay un paso muy grande, y una diferencia enorme, entre "no tengo tiempo, pero cuando pueda, le daré una oportunidad" y "directamente, paso, aunque ni sepa de qué va". La excusa varía, y priorizar (que es lógico) se convierte en discriminar y prejuzgar (que no lo es). Y es ahí donde yo veo que radican los problemas y se ramifican a todo lo demás. Es ahí donde creo que hay que cambiar el punto de vista.
¿Y vosotros? ¿Se me ha ido la mano o consideráis que algo de razón tengo? Vuestros comentarios enseñan y ayudan a crecer.
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